Xavier Dolan arriesga y gana con Mommy

Cine, Reseñas

Por: Jennifer Gómez

En 2009 irrumpió en el panorama cinematográfico la película J’ai tué ma mère, la cual sorprendió por los tres premios que obtuvo en la Quinzaine des Réalisateurs del Festival de Cannes y la nominación a los Premios Oscar como mejor película extranjera. Xavier Dolan, un joven canadiense de apenas 20 años se puso en el punto de mira de la crítica dispuesto a hacer ruido y levantar tanto odio como pasiones entre los cinéfilos.

En ese film debut, Dolan –que encarna al actor protagonista– contaba la historia de odio visceral que sentía hacia su madre y la rabia de un adolescente que pide a gritos una pizca de comprensión y amor. Un drama con tintes autobiográficos, reconocido por el propio director, que poseía una estética que actualmente es una seña de identidad del canadiense.

Tres películas después y cinco años más tarde, Xavier recupera el problema maternofilial con Mommy. Más maduro y con un formato arriesgado –aspecto 1:1, lejos del típico 4:3– el joven de 26 años fascinó con su nueva composición en el Festival de Cannes, donde le concedieron el Premio del Jurado.

La historia se ambienta en una Canadá ficticia y gira en torno a tres personajes: Steve, encarnado de manera magistral por Antoine-Olivier Pilon, adolescente problemático con un trastorno de déficit de atención e hiperactividad; Die, a la que da vida Anne Dorval, una viuda con carácter para la que supone un verdadero problema encargarse de su hijo –curiosamente Dolan recupera a la misma madre que en su film debut–; y finalmente Suzanne Clément interpreta a la vecina con problemas de tartamudez que llevará algo de paz a la vida de los dos familiares.

Xavier Dolan sabe jugar con el drama que viven miles de familias a las que de pronto su vida se resquebraja. Siguiendo con la línea narrativa propia del director, en Mommy aborda cuestiones espinosas tales como el deber moral de los padres de cuidar a sus hijos pase lo que pase, la sexualidad, la efebofilia e incluso el complejo de Edipo visible en Steve.

Visualmente, Mommy es un delicia. Empezando por la técnica de la relación de aspecto 1:1 que consigue su propósito: transmitir al espectador el mismo sentimiento de asfixia que tienen sus personajes debido a sus vidas. Los primeros planos que enmarcan únicamente al actor en momentos de exacerbación de la película lleva al público al clímax. Dolan rompe únicamente con este encuadre en dos momentos en el film, que coinciden con la máxima felicidad expresada por los protagonistas.

Mención especial tiene la música que compone Mommy que, junto a otros elementos como el discman, ambienta el escenario en la década de los 90. No es exagerado afirmar que Dolan ha vuelto a poner de moda el Wonderwall de Oasis, pues el director la hace totalmente suya representando una de las escenas claves de la película.

Tras seguir una línea argumental predecible durante gran parte del film, Dolan rompe con un giro de los acontecimientos que hace preguntarse al espectador: ¿por qué?

Sin duda, estamos ante la mejor obra del joven canadiense con la que cierra el círculo de amor-odio maternofilial y sigue sorprendiendo con su valentía visual y cinematográfica. Lo cierto es que se está abriendo hueco en el mundo del séptimo arte a pasos agigantados. A estas alturas, ¿quién no conoce el nombre de Xavier Dolan?


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2 comentarios en “Xavier Dolan arriesga y gana con Mommy

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