La desdicha de Leviatán

Cine, Reseñas

Por: Lidia Nanagyulyan

En la costa del mar de Bárents habitan seres enormes y se esconden en la profundidad del mar aunque hay veces que su forma se deja ver en la orilla. Al igual que algunos monstruos se mueven debajo del mar, otros se encuentran en la superficie y pueden hacernos la vida imposible.

Esta es la historia de Kolya, (Aleksei Serebryakov) que vive en una casita construida con sus propias manos en la orilla del mar  con su familia, su joven esposa Lilya (Elena Lyadova) y su hijo. Él es mecánico y ella trabaja en una fábrica en la que se limpia y se esteriliza el pescado. Su vida es modesta pero aun así el alcalde de la ciudad echa un ojo al terreno.

Los protagonistas tienen una lucha constante con los tribunales y se intentan defender  con la ayuda de su amigo Dmitri  (Vladimir Vdovichenkov), un abogado de Moscú. El alcalde, una figura importante en la ciudad, hace todo lo posible para arruinar la vida de Kolya con sus compinches.

Mientras la pareja lucha contra viento y marea para quedarse con su hogar no se dan cuenta cómo su relación se desmorona. Lilya que pasa desapercibida en la película rompe con la trama a la mitad de esta. Su melancolía y conflictos constantes con el hijo de Kolya arrastran la trama hacia una tragedia. Mientras que Kolya se amarga en su pena, la ahoga con un chupito de vodka.

Desbordante drama sobre la hipocresía de la iglesia ortodoxa y la gente burocrática del país. El sistema totalmente corrompido por el poder se evidencia durante toda la trama. Y ya lo dijo claramente el director, Andrei Zvyagintsev que “Rusia es una simulación democrática”.

Además, tiene referencias bíblicas como Job, desmoronamiento de una vida; referencias filosóficas y políticas, Carl Marx y un largo etcétera. Las alusiones a Dios son constantes. Y que la iglesia y los obispos estén de lado con el mal dejan claro que el director no se lleva muy bien con la iglesia; y el protagonista, que pierde todo lo que tiene, no es nada creyente.

La película ha suscitado ira entre los políticos de Rusia, a pesar de su triunfo en el Festival de Cannes. El ministerio de cultura arremetía contra el director y su película alegando a que ésta cumplía con todos los tópicos occidentales antirrusos.

El talento del director se ha comparado con otros directores rusos como Andrei Tarkovsky. Y ya había sido galardonado por otros premios con varias nominaciones. Y aunque en los Oscars, Ida de Pawlikowski haya ganado el premio a mejor película extranjera, para mí no deja de ser una obra maestra, una desdicha con un final espectacular.

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