Chema G. Ibarra: “Cuando se hace una película es como caminar al borde de un precipicio”

Cine, Entrevistas

Por: Lidia Nanagyulyan

Escribir es una actividad muy solitaria pero Chema García Ibarra no lo está. Lo acompañan siempre familiares, amigos e incluso su novia en una aventura que comenzó hace tiempo. Un guion tras otro ha obtenido un gran reconocimiento en festivales tanto nacionales como internacionales. Chema Ibarra nunca ha tenido mucho presupuesto para grabar sus películas o cortometrajes, de hecho se realizaban en blanco y negro por la mala calidad de las cámaras, pero incluso de se benefició el director para crear atmosferas extrañas y formar personajes entrañables.

P: Se licenció en Publicidad en la Universidad de Alicante pero se dedica al mundo cinematográfico, ¿por qué?

R: Yo siempre he querido estudiar comunicación audiovisual pero en ese momento la carrera no se encontraba en una localidad cercana. Publicidad compartía mucho con comunicación audiovisual, de hecho los dos primeros años eran prácticamente iguales. Estudié publicidad con la esperanza de que en algún momento llegara la cátedra que quería pero tardó mucho en aparecer.

P: ¿Siempre se vio en el mundo del séptimo arte o tenía otros planes?

R: Por un lado, desde pequeño siempre he querido participar en el mundo del cine y por otro lado intenté ser un realista y sabía que era muy complicado. Trabajé de redactor publicitario durante siete años y también de diseñador gráfico pero no era algo que me gustara demasiado. Era un tipo de sustento que no me satisfacía.

P: Ha aprendido a grabar, editar y manejar el sonido aparte de escribir el guion ¿cómo lo ha hecho?

R: Tuve que aprender por mi cuenta. Cuando comencé a trabajar en el mundo del cine Elche estaba muy ajena a la industria a pesar de que la Ciudad de la Luz se encontrara a unos pocos kilómetros. Siempre que necesitaba a un profesional en edición o un técnico de sonido costaba mucha faena. Me costó mucho aprenderlo y fue un constante ensayo-error pero con los años fui manejando todo lo necesario para ser lo más autosuficiente posible.

P: ¿Ha pensado dedicarse al cine fuera de Elche?

R: Puedo vivir del cine gracias a que estoy aquí. Si me fuese a otra ciudad como Madrid o Barcelona mis gastos se multiplicarían por cinco y no mis ingresos. Las ciudades grandes son muy hostiles para esta industria.

P: ¿Cómo se inspira para escribir un cortometraje y dirigirlo?

R: Por lo general mis ideas salen de una vida cultural activa. Veo muchas películas, leo libros y me intereso por otros ámbitos que no tengan que ver con el cine, como por ejemplo el arte, la música, la arquitectura, etc.

P: Tiene el mismo equipo de trabajo o es cambiante…

R: Desde el principio se ha mantenido el mismo equipo de trabajo y es algo que me gusta. De la dirección artística se encarga Leonor Díaz Esteve y de fotografía Alberto Gutiérrez y según la magnitud del proyecto se añade más gente que les ayuda. Los actores también suelen ser siempre los mismos. Uno de los principales actores es mi primo José Manuel Ibarra que fue protagonista del cortometraje El ataque de los robots de Nebulosa-5. Todos son amigos y familiares y ninguno de ellos es actor.

P: Hable de su primo, ¿por qué lo eligió como protagonista de tantos cortometrajes y películas?

R: Cuando escribí el guion no estaba pensando en él pero luego decidí proponérselo. Entonces el personaje se concretó y se convirtió en algo maravilloso. Él ya tenía algo de experiencia, antes hacía musicales. Me gusta mucho que esté en las películas que hago. En Misterio por ejemplo, tiene un personaje muy curioso, hace de neonazi que va a la playa y en Uranes es el protagonista de toda la película. Está dedicada a él.

P: ¿Cree que cuenta con la participación de sus familiares y amigos por el poco presupuesto que tiene?

R: No influye el dinero. Daría igual que fuesen actores profesionales porque en los cortometrajes no se suele cobrar. Es una especie de reto hacer un cortometraje o película de ficción y contar con elementos opuestos. El hecho de que no sean actores me da más alegrías que dificultades. Sus actuaciones son más naturales. Además, otro plus de que no sean actores es que no tienen hábitos y prejuicios que tienen los profesionales.

Mis cortometrajes se caracterizan por la mezcla de géneros


 

P: ¿Cree que es posible lucrarse a través de la industria cinematográfica?

R: Es un riesgo. Siempre y cuando se hace una película es como caminar al borde de un precipicio. Pero esto forma parte de un proceso que todo el mundo asume. Se vive con una inseguridad constante sea tu primera película o la número diez. Hay momentos en los que piensas que lo que has hecho es una mierda y te lo vas a comer con patatas aunque luego deje de parecértelo.

P: ¿Hay alguien que le aconseje o apoye en los momentos más duros?

R: En las dos últimas películas, el trabajo siempre ha sido de dos. Leonor Díaz siempre ha sido la coproductora de todo y mi pareja de muchos años. La conocí antes de empezar con el cine y le propuse colaborar conmigo. Ella se encargó de la dirección artística y ahora ella está trabajando para otros directores. Ha sido mi apoyo en todo a pesar de que el escribir siempre ha sido muy solitario.

P: ¿En qué ámbito innovan sus cortometrajes?

R: La novedad que tienen mis cortometrajes es la mezcla de géneros. Son cortometrajes de ciencia-ficción pero con elementos que no lo son. En general, la mezcla de comedia y drama me gusta mucho.

P: ¿Cómo se consigue ese contraste de drama-comedia; ciencia-ficción-elementos reales?

R: No es tan complicado de ver pero sí de hacer. Me interesa mucho ese juego de contraste. Le dedico mucho tiempo al guion para ver cómo se equilibra. Quiero estar justo en medio de la comedia y el drama.

P: ¿Graba los cortos en blanco y negro por la mala calidad de la cámara?

R: Es el motivo menos poético. Tenemos los medios un poco precarios y era más fácil disimular en blanco y negro que en color. A la vez que es un inconveniente se ha convertido en algo bueno. Los colores se hacen más extraños, estéticamente son muy potentes. Se crea una atmosfera nueva.

P: ¿Combina fotografía fija con vídeo?

R: En los cortometrajes no he usado esta técnica. La película Uranes empieza con una serie de fotografías familiares reales de mi primo. Utilicé las imágenes narrativamente como una historia que inventé. Esas fuentes familiares se manejaron como la base de un tronco que va creciendo, las ramas que crecen son como ficción pero la base es esa realidad, esas fotografías de mi tía.

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